

Como hemos defendido en otras ocasiones, la atención a las 𝗮𝗹𝘁𝗮𝘀 𝗰𝗮𝗽𝗮𝗰𝗶𝗱𝗮𝗱𝗲𝘀 requiere una comprensión profunda de su neurodivergencia, incluyendo sus características, sobreexcitabilidades y necesidades específicas. La respuesta educativa debe ser personalizada, fomentando el 𝗱𝗲𝘀𝗮𝗿𝗿𝗼𝗹𝗹𝗼 𝗶𝗻𝘁𝗲𝗴𝗿𝗮𝗹, la autonomía y el 𝗯𝗶𝗲𝗻𝗲𝘀𝘁𝗮𝗿 𝗲𝗺𝗼𝗰𝗶𝗼𝗻𝗮𝗹.
Además, es necesario promover un trabajo en equipo entre familias, educadores y especialistas, y una continua reflexión sobre la práctica educativa para crear un entorno inclusivo y estimulante que permita el pleno desarrollo del potencial de cada alumno/a.
Hoy os quiero dar unas pinceladas de este concepto, «𝘧𝘭𝘰𝘸», que descubrí gracias a 𝗝𝗮𝘃𝗶𝗲𝗿 𝗕𝗼́𝗿𝗻𝗲𝘇 y que su autor, 𝘔𝘪𝘩𝘢𝘭𝘺 𝘊𝘴𝘪𝘬𝘴𝘻𝘦𝘯𝘵𝘮𝘪𝘩𝘢𝘭𝘺𝘪, describe como un estado de inmersión total en una actividad que genera alto rendimiento y satisfacción.
Su relación con las AACC es significativa debido a que las personas con estas necesidades son más propensas a experimentar este estado.
Todos tenemos un cerebro pero nadie nos enseñó a usarlo. Demos valor a la educación y el aprendizaje para el desarrollo del potencial individual, especialmente en personas con altas capacidades.
Fuentes consultadas:
Lecturas y jornadas en las que se hace mención, entre otros y otras a Olga Carmona, Alejandro Busto, Mihaly Csikszentmihalyi, Silverman, Dabrowski, Roberto Colom…
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